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Tomar a la madre · ejercicio práctico

Como tratas a tu madre, así te trata la vida.

No es metáfora. Es orden sistémico. La madre es la primera fuente: por su cuerpo llegaste a la vida, por su mirada aprendiste a recibirla, por su nombre te llamaste alguien. Lo que pase con ella adentro de ti rige —de manera silenciosa pero implacable— la forma en que la vida se acerca a ti después.

Si la madre se rechaza, se cierra la fuente. Y por esa puerta no entra solo ella: se cierra el dinero, el reconocimiento, la pareja. Lo que parece “no tengo suerte en X área” suele ser, en clínica, una madre no tomada.

Este artículo no reemplaza el trabajo terapéutico. Pero sí puedes hacer un primer movimiento.

Qué significa “tomar a la madre”

Tomar a la madre no es perdonarla en el sentido moral. No es decir “no importa lo que hizo”. No es minimizar lo que pasó.

Es ordenar tu lugar de hijo o hija frente a ella. Es reconocer la fuente, no aprobar la conducta. Es aceptar que ella te dio la vida, aun cuando lo que vino después haya sido lo que haya sido.

El movimiento sistémico es claro: cuando rechazamos a la madre como fuente, también rechazamos lo que nos llega a través de ella. Y la vida se queda esperando del otro lado de una puerta que tú estás manteniendo cerrada con tu reclamo.

El reclamo —válido como sentimiento humano— es lo que mantiene cerrada la fuente. No es liberación. Es atadura.

Por qué importa para tu vida hoy

Lo voy a poner en términos concretos. Estos son patrones que veo todas las semanas en consulta:

Si te reconoces en alguno, no es que estés roto. Estás repitiendo un patrón sistémico que es invisible mientras no lo nombres.

Antes del ejercicio: cuándo NO hacerlo

Esto es importante. Hay momentos en los que un ejercicio así puede mover demasiado rápido y conviene esperar:

En esos casos, conviene venir a sesión individual primero. El ejercicio queda mejor cuando hay terreno.

El ejercicio · cuatro pasos

Necesitas diez minutos. Un lugar donde no te interrumpan. No necesitas vela, ni música, ni nada.

1. La imagen

Cierra los ojos. Imagina a tu madre frente a ti. No la versión idealizada ni la versión peor. La que es. La que fue contigo.

Si te cuesta verla, no fuerces. Mira la imagen interna que aparece, aunque sea borrosa, aunque sea de cuando eras pequeño o pequeña.

2. La distancia

Nota a qué distancia está. ¿Está lejos? ¿Está dándote la espalda? ¿Está pegada a ti? ¿Se está yendo? ¿Te está mirando?

No la muevas. Solo nota.

3. La frase

En voz baja —en voz alta si puedes— di esta frase, dirigida a la imagen:

“Mamá, tú me diste la vida. Eso te lo recibo. Lo demás, lo demás lo trabajo yo.”

Repítela tres veces. Despacio. Sin teatro. Si aparece llanto, deja que aparezca. Si aparece resistencia o enojo, no lo combatas; sigue diciendo la frase mientras los sientes.

4. El movimiento mínimo

Después de las tres veces, haz una sola cosa: toma un paso interno hacia ella. Solo un paso. No más. La intención no es reconciliarte con ella en una tarde; es notar si la fuente puede empezar a abrirse.

Cuando termines, no busques inmediatamente “qué tal te fue”. Sigue con tu día. Lo que se haya movido se va a notar en los días siguientes, no en el minuto siguiente.

Lo que suele pasar después

Algunas personas reportan, en los días posteriores:

También puede pasar que no notes nada inmediato. Eso también está bien. Los movimientos sistémicos son lentos. La fuente no se abre de un día para otro, pero un primer paso bien dado deja huella.

Lo que este ejercicio NO es

Resolvemos o repetimos

Esa es la pregunta. Una madre no tomada se repite —en ti, en tus hijos si los tienes, en tu pareja, en tu trabajo. Una madre tomada deja de gobernar desde el inconsciente. No deja de ser tu madre. Deja de ser tu prisión.

Lo demás, lo demás lo trabajas tú.


Si quieres profundizar, conoce el seminario “Tomar a la madre” o agenda una sesión individual.

Resolvemos o repetimos.

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